Pablo Juliá: “Uno escribe con la luz y otro escribe con el boli, pero escribes, a tu manera.”
Pablo Juliá, fotógrafo y periodista de El País por más de 20 años, nos cuenta su experiencia en la profesión y nos da una visión sobre la misma
Para esta última entrada, el fotógrafo y periodista Pablo Juliá, nos abre las puertas de su casa y nos recibe entre unas paredes que respiran fotografía para relatarnos brevemente una vida llena de aventuras y recuerdos que van íntimamente ligados a ella.
Empezó a ejercer como "fotoperiodista" a finales de los 60 principios de los 70. Al principio trabajaba por su cuenta en revistas como Torneos, Tierra del Sur, Gentleman o el periódico clandestino El Socialista. Más tarde se marchó a El País durante 20 años y luego pasó a ser director del Centro Andaluz de la Fotografía.
Aprendió fotografía de forma autodidacta, se compró una enciclopedia que te enseñaba los principios más elementales y comenzó a disparar. A los 13 años hizo la mejor foto que ha hecho en su vida y a partir de ahí todo lo que hizo fue intentar repetir aquello. La foto retrataba a un amigo suyo en la playa de Cádiz, en invierno, besando a una muñeca desgreñada que se encontraron. Una imagen muy extraña y bizarra, pues él era por esta época muy surrealista. Estuvo viviendo de la imaginación y de la capacidad de poder entender mucho de la vida a través de esa foto.
“Es muy importante que uno tenga un leitmotive desde un principio”
Él lo tuvo con esta foto y con la película Ciudadano Kane. Gracias a ella se convirtió en un amante del cine y eso le llevó posteriormente a convertirse en director del cineclub universitario
Rebelde, se fue de casa a los 17 años. Se vino a Sevilla a estudiar en el año 67 tras hacer un año de medicina, y comenzó la carrera de Historia Moderna y Contemporánea tras haber recibido un expediente de disciplina académica en Historia del Arte por ser socialista.
Al mes de estar aquí conoció a Felipe González, 7 años mayor que él, que ya era abogado. Vivía entonces el fotógrafo en una pensión de mala muerte, y cuando el ex presidente lo vio allí no dudo en ofrecerle un lugar en su casa. Cuando le preguntamos si era consciente de que el que era (y sigue siendo) su amigo iba a llegar a ser presidente del gobierno nos responde que el siempre pensó que realmente iba a ser presidente de la República.
"Felipe tenía una gran capacidad dialéctica, como pocos. Me convenció para seguirle sin que me diera cuenta, por su forma de ser… "
En esta época conoció también a Manuel Chaves, Alfonso Guerra y Luis Yáñez entre otros. Entró así en contacto con lo que sería el grueso de la célula socialista andaluza de finales de la dictadura y que conformaría parte importante del primer gobierno socialista de la democracia. Fue en esa época cuando hizo la mal llamada foto de "La tortilla", que sería rescatada años después en el periódico El País como un icono de la clandestinidad. Sin embargo, el carácter distendido de la instantánea nos desmonta la idea de peligrosidad y persecución que tenemos de ella. Lo cierto es que en esas reuniones clandestinas también se pasó miedo, como él mismo nos cuenta:
“Sí, un poquito de miedo siempre se pasa. Pero vamos, con veinte años el que no tenga miedo… Pero la verdad es que si no se hace eso a esa edad ¿Cuando lo vas a hacer?”
Militó en el PSOE hasta el año 76 cuando empezó la democracia, militancia que dejó por consejo del propio Felipe González, que le recomendó que dejara la política y se dedicara por entero a la fotografía, su verdadera pasión. No estaba realmente interesado en la política, solo en el hecho de acabar con la dictadura franquista; por el contrario, era un apasionado del cine, el teatro, la lectura... todo lo que tuviera que ver con la cultura.
A pesar de ser conocido por todos que era de ideología socialista, realmente nunca tuvo problemas a la hora de trabajar en ningún medio, pues no tenía una preferencia política en ese sentido, es decir, atacaba aquello con lo que no estaba de acuerdo y era neutral en su planteamiento. De hecho nos cuenta que tuvo problemas con Alfonso Guerra por publicar una foto contraria a sus intereses, a pesar de ser su amigo. "La amistad es una cosa y la profesión es otra.”
"Si te pones en el mismo sitio donde se ponen todos no tienes la capacidad de tener tu propio discurso. Es preferible equivocarse a hacer lo mismo que hacen todos.”
Durante la transición hizo maravillosas fotos como la que vemos a continuación de Manuel Fraga sosteniendo un periódico con una propaganda que reza “VOTA PSOE”. Cuando le preguntamos como lo hace para conseguir instantes como esa nos responde “Tienes que tener inquietud y ganas. Una vez que se sabe manejar la cámara es muy fácil. El suroeste era un periódico que siempre tenía propaganda del PSOE. Me coloqué delante de Fraga esperando que hiciera ese gesto, sabía que lo haría. Cerrada la edición, Cibrián modifico la portada a última hora para colocar esta foto […] Cuando Fraga me volvió a ver, me reconoció y me dijo: “Eres un gran fotógrafo y un gran hijo de puta"".
A la pregunta de cómo notó el cambio en términos de libertad informativa cuando se pasó de la dictadura a la democracia nos responde:
“Fue algo progresivo y sobre todo a saltos. Por ejemplo, con Fraga, durante un tiempo la gente se saltaba los límites y de vez en cuando te retiraban el periódico, metían en la cárcel a alguien… Todos estábamos aprovechando cualquier ranura, cualquier rajita de libertad. Se intentaba extralimitar todo lo posible, además la imaginación crece mucho cuando estás en situaciones de ese tipo: intentas hacer cosas con doble sentido, jugando con el humor… Pero luego también al final había censores que iban pasando la mano, lo iban dejando pasar, te aconsejaban…”
De hecho, sabemos que el paso a la democracia trajo importantes cambios a nivel informativo; y como no, fotográfico. Según se expone en el libro sobre fotoperiodismo coordinado por Diego Caballo Ardila, en el ámbito fotoperiodístico se pasa de la represión a la representación, pues se elimina la censura. Ahora se trata de de sorprender al lector, y para ello se emplea cualquier técnica vanguardista a cualquier tipo de acontecimiento que pueda ser de interés para la audiencia y que se pueda reflejar en la prensa. En fotos como esta vemos que Pablo Juliá cumplía muy bien ese cometido de captar la atención del público, pues sabía exactamente qué, cómo y cuando tenía que fotografiar para lograrlo.
De hecho, sabemos que el paso a la democracia trajo importantes cambios a nivel informativo; y como no, fotográfico. Según se expone en el libro sobre fotoperiodismo coordinado por Diego Caballo Ardila, en el ámbito fotoperiodístico se pasa de la represión a la representación, pues se elimina la censura. Ahora se trata de de sorprender al lector, y para ello se emplea cualquier técnica vanguardista a cualquier tipo de acontecimiento que pueda ser de interés para la audiencia y que se pueda reflejar en la prensa. En fotos como esta vemos que Pablo Juliá cumplía muy bien ese cometido de captar la atención del público, pues sabía exactamente qué, cómo y cuando tenía que fotografiar para lograrlo.
Centrándonos en la Andalucía de la transición nos dice:
“Era muy pobre, nada que ver con como es ahora. La gente no tenia mucho espíritu revolucionario, solo no querían que la engañaran. Era una Andalucía muy triste. Me fui con Plácido Fernanadez Viagas, que por aquel entonces era presidente preautonómico, y cuando llegábamos a los sitios los gobernadores civiles hacían todo lo posible por hacerle la puñeta… Y esos envites y esas peleas, yo las viví. A nivel social, cuando tú llegabas a sitios como Jaén, o Cazorla, o Antequera por ejemplo, la gente todavía hacía intercambio de bienes, se pagaba con gallos, gallinas… Pero todo esto ha cambiado mucho, yo he llevado allí exposiciones con el Centro Andaluz de Fotografía y he visto gente muy potente."
Después de 20 años trabajando para El País, lo dejó y comenzó su andadura en el Centro Andaluz de la Fotografia.
“Yo cuando vi que El País ya no… Es una suerte que tuve, porque tenía 57 años y a esa edad ¿quién te llama? Pues me llamaron para preguntarme si me quería hacer cargo del Centro Andaluz de la Fotografía. Ganaba muchísimo menos. En El País se ganaba una pasta, era una cárcel de oro. Pero ya no estaba tan a gusto, pues me dedicaba a editar el trabajo de los demás, cuando a mi lo que me gustaba era hacerlo yo mismo. Los periódicos tienen un mal vicio y es que según vas creciendo en el periódico o vas siendo mejor te van pasando a cargos, y el cargo significa que al final terminas editando, y no estás en la calle. Te dicen “No, no, tu para cosas muy importantes”… Para cosas muy importantes no, yo lo que quiero es salir a la calle y es lo único que se hacer. A mi aquello poco a poco me quemó.”
Llegó al centro con muchas ganas e ilusión, era un proyecto nuevo para él y tenía objetivos muy ambiciosos:
“El centro tenía un objetivo increíble. A mi me gusta mucho lo público, como he dicho antes soy socialista de ideas, y me interesa formar a la gente, decirles que la fotografía es un lenguaje universal y de las mejores maneras que existen para comunicar: que la foto que tú puedes hacer la van a ver en Lepe o la van a ver en Vietnam, y todo el mundo va a poder interpretar algo. ¿Dónde se encuentra un lenguaje tan claro como ese?
Si es cierto que a mí me hubiera gustado hacer muchas más cosas, por ejemplo una residencia de estudiantes del tipo de las que se hicieron en los años veinte en Madrid, pero vino la crisis. Se hicieron muchas cosas: los encuentros internacionales de fotografía, muchas exposiciones, hemos traído lo mejor de lo mejor, hemos hecho exposiciones espectaculares… Hemos hecho muchas cosas que estaban muy bien pero no todo lo que yo hubiera querido.
Ha habido mucha cutrez en la política cultural. Yo puedo entender todo, pero debe de haber un orden de prioridades. Si el Centro Andaluz de la fotografía es el único que hay en España como público dedicado a la fotografía, eso debería de ser una prioridad para el gobierno andaluz.”
“Uno escribe con la luz y otro escribe con el boli, pero escribes, a tu manera.”
Vemos que Pablo Juliá tiene una forma muy personal de entender el periodismo. El considera que es necesario tener mucha empatía y ser muy moderado a la hora de plantear cualquier tema, es necesario comprender por lo que está pasando la persona y entenderlo de verdad. Además, nos ofrece como una crítica al periodismo de la actualidad el concepto de la posverdad, que viene siendo muy usado en los últimos tiempos. Según la definición dada por el Diccionario de Oxford la posverdad se refiere a las "circunstancias en las que hechos objetivos son menos influyentes en la formación de la opinión pública que la apelación a la emoción y la creencia personal". Como argumenta Pablo Juliá "Actualmente se nos presenta la información sin contrastar. Se presenta un esquema y al final todo el mundo acude a ese esquema, como ha sido el caso de la chica violada en los Sanfermines [...]. Esta es la posverdad, jugar con la falsedad, hacer creer a la opinión pública una cosa que no es".
“Hoy día se está perdiendo la pluralidad. Todo el mundo dice lo mismo pero nadie entra en el tema a fondo. La información se da al segundo pero realmente no se analizan todos los prismas del contexto en el que sucede”
Cuando le preguntamos si se considera fotoperiodista o periodista lo tiene claro:
“La verdad es que la palabra fotoperiodista me molesta, me parece fea. A las cosas no hay porqué ponerles adjetivos: fotoperiodista… Periodista gráfico… No. Periodista, mire usted. Uno escribe con la luz y otro escribe con el boli, pero escribes, a tu manera.”
Por último le preguntamos que ha significado el periodismo y más concretamente el fotoperiodismo para él:
“El fotoperiodimo le ha dado vida a mi vida. También estuve en el momento justo en el lugar exacto. Tuve mucha suerte.”
Leyendo el libro Fotoperiodismo y Edición. Historia y límites jurídicos coordinado por Diego Caballo Ardila, al que hemos hecho mención con anterioridad, podemos ver que realmente Pablo Juliá tuvo bastante suerte, centrándonos en el ámbito periodístico en el que se especializa, de la época que le tocó vivir. Desde mediados de los años 70 la fotografía se ve inmersa en una transformación tecnológica, ideológica, empresarial y cultural. Al acabar la dictadura franquista e implantarse la democracia también se elimina la censura, lo cual favorece que aparezcan nuevas publicaciones que introducen nuevos puntos de vista distintos a los del Estado, permitiéndose por tanto la toma de fotografías más libremente. Además, gracias a la apertura de España al exterior, se consigue que los fotoperiodistas españoles tengan un mayor reconocimiento nacional e incluso internacional, apareciendo plataformas de impulso a la creatividad fotográfica a través de subvenciones concedidas tanto por el ámbito público como privado. Todo esto favorece el gran cambio que sufre la fotografía en prensa: la fotografía pasa de ser el apoyo iconográfico de la noticia a ser la noticia en sí misma.
Tomando en consideración todos estos factores, que van haciendo que los fotógrafos vayan desarrollando su estilo personal y marca de autor, y la entrevista concedida por Pablo Juliá, no dudamos en afirmar que la etapa de la transición es realmente una época dorada de la fotografía en prensa.
Leyendo el libro Fotoperiodismo y Edición. Historia y límites jurídicos coordinado por Diego Caballo Ardila, al que hemos hecho mención con anterioridad, podemos ver que realmente Pablo Juliá tuvo bastante suerte, centrándonos en el ámbito periodístico en el que se especializa, de la época que le tocó vivir. Desde mediados de los años 70 la fotografía se ve inmersa en una transformación tecnológica, ideológica, empresarial y cultural. Al acabar la dictadura franquista e implantarse la democracia también se elimina la censura, lo cual favorece que aparezcan nuevas publicaciones que introducen nuevos puntos de vista distintos a los del Estado, permitiéndose por tanto la toma de fotografías más libremente. Además, gracias a la apertura de España al exterior, se consigue que los fotoperiodistas españoles tengan un mayor reconocimiento nacional e incluso internacional, apareciendo plataformas de impulso a la creatividad fotográfica a través de subvenciones concedidas tanto por el ámbito público como privado. Todo esto favorece el gran cambio que sufre la fotografía en prensa: la fotografía pasa de ser el apoyo iconográfico de la noticia a ser la noticia en sí misma.
Tomando en consideración todos estos factores, que van haciendo que los fotógrafos vayan desarrollando su estilo personal y marca de autor, y la entrevista concedida por Pablo Juliá, no dudamos en afirmar que la etapa de la transición es realmente una época dorada de la fotografía en prensa.






